jueves, 11 de octubre de 2012

DIVULGACIÓN DE LA CIENCIA



Se sabe que la divulgación de la ciencia es una disciplina que acerca el conocimiento científico a la sociedad en general. En nuestro país ha sido poco comprendida, a pesar de las décadas de esfuerzo que le han dedicado los investigadores y las instituciones. 

Hace poco más de tres siglos los frutos de la investigación científica comenzaron a acumularse y constituyeron un cuerpo sólido de conocimientos que merecían contar con reconocimiento y apoyo social. La utilidad de los resultados y sus aplicaciones, en muchos casos de tipo económico, derivó en una imagen de la ciencia que la proyectaba como un medio para el progreso, en donde el máximo valor del conocimiento científico se limitaba a la acumulación de los logros obtenidos. 

La visión de que la ciencia se confirma a sí misma gracias a sus esquemas de aceptación del conocimiento generado, la convirtió en una actividad que, aparentemente, no era competencia directa de la sociedad sino de la comunidad científica como un ser separado. De este modo se visualizó a los científicos, sus principales actores, como personajes autónomos y hasta un punto independientes de esa misma sociedad. Pareciera que su única responsabilidad como investigadores consistía en obtener resultados científicos. Buenas y malas, las implicaciones que han tenido estas visiones sobre la ciencia y su ejercicio han derivado en un análisis que recomienda llevar a los científicos a un estado de conciencia de sí mismos, como integrantes de una sociedad que tiene obligaciones e intereses propios. Como afirma el sociólogo Robert K. Merton, estas obligaciones morales hacia la sociedad que la alberga, hacen de la ciencia una actividad intelectual que, al ser social, comprende entonces un conjunto de normas y de valores.

Los primeros pasos hacia un análisis sociológico de la ciencia permitieron enfatizar una de sus virtudes principales: su carácter de universalidad. También se valoró la objetividad como una característica primordial del quehacer científico, tanto la aceptación como el rechazo de los resultados debían partir de criterios impersonales. De acuerdo con esta premisa, el avance del conocimiento científico no podía estar supeditado a la raza, nacionalidad, religión, clase o cualidades personales de los científicos. La falta de competencia es el único criterio que debe considerarse como una traba en la carrera científica y dar importancia a cualquier otra característica sólo perjudicaría el avance del conocimiento. El apoyo que científicos de diversas nacionalidades dieron a estas normas convirtió a la ciencia en una disciplina internacional, impersonal y prácticamente anónima. 

El carácter de universalidad es uno de los principios fundamentales de la democracia, entendida como la eliminación de las restricciones a la puesta en práctica y el desarrollo de actividades relacionadas con un cierto valor social. Sin embargo, en cuanto al acceso a la información, la universalidad del conocimiento científico se afirmaba contundentemente en la teoría pero se ignoraba en la práctica. Los científicos de los siglos xx y xxi conforman una elite que no siempre reconoce la necesidad de compartir los conocimientos generados con la sociedad en general. Desde el punto de vista intelectual, aquéllos considerados “no aptos” para comprender a la ciencia son simple y sistemáticamente excluidos de sus procesos. No existe, por lo tanto, una práctica democrática en cuanto al acceso al conocimiento científico.

La subsistencia de estos vicios de exclusión no podía sino considerarse como un obstáculo en el camino de la democratización del conocimiento porque una institución que forma parte del dominio público, se reconozca ésta como tal o no, necesariamente debe comunicar sus procesos y hallazgos.

La preocupación sobre la existencia de esta separación entre la comunidad científica y el resto de la sociedad tiene un punto de partida señalado en la denuncia que hace Charles Percy Snow en su libro Las dos culturas, publicado en 1959. En el libro, Snow enfatiza la necesidad urgente de reestablecer ligas entre la comunidad científica y la comunidad humanista, y reconoce a los humanistas como a los profesionales de las ciencias sociales y de las artes. Los postulados de Snow abogan por una visión más amplia tanto de la ciencia como de la cultura, en la que la definición de ciencia incluya a las humanidades y la definición de cultura incluya a la ciencia. 


Conclusión:
Como nos damos cuenta la divulgación de la ciencia se da en diferentes formas, pero el punto es el mismo ya que  nos informa acerca de los sucesos científicos que nos debe interesar a todos como sociedad, porque también aporta al conocimiento de las investigaciones científicas una nueva era de saberes ya que siempre se aprende algo nuevo del entorno que nos rodea.




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